Juan Pablo II

En sus Mensajes para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, Juan Pablo nos fue dejando diversas oraciones que ahora os ofrecemos

Primera oración

Padre santo: fuente perenne de la existencia y del amor, que en el hombre viviente muestras el esplendor de tu gloria, y pones en su corazón la simiente de tu llamada, haz que, ninguno, por negligencia nuestra, ignore este don o lo pierda, sino que todos con plena generosidad, puedan caminar hacia la realización de tu Amor.

Señor Jesús, que en tu peregrinar por los caminos de Palestina, has elegido y llamado a tus apóstoles y les has confiado la tarea de predicar el Evangelio, haz que hoy no falten a tu Iglesia sacerdotes, que lleven a todos los frutos de tu muerte y de tu resurrección.

Espíritu Santo: que santificas a la Iglesia con la abundancia de tus dones, despierta en el corazón de los llamados a la vida consagrada una íntima y fuerte pasión por el Reino, para que con un sí generoso e incondicional, pongan su existencia al servicio del Evangelio.

Virgen Santísima, que sin dudar te has ofrecido al Omnipotente para la actuación de su designio de salvación, infunde confianza en el corazón de los jóvenes para que haya siempre sacerdotes, que acompañen al pueblo cristiano por el camino de la vida, y consagrados que sepan testimoniar la presencia liberadora de tu Hijo resucitado

Segunda oración

Virgen y Madre, Santa María, que animaste a la primera comunidad, en la que «todos perseveraban unánimes en la oración», ayuda a la Iglesia a ser en el mundo de hoy icono de la Trinidad, signo elocuente del amor divino a todos los hombres.

Virgen María, que respondiste con prontitud a la llamada del Padre diciendo: «Aquí está la esclava del Señor», intercede para que no falten en el pueblo cristiano servidores de la alegría divina: sacerdotes que, en comunión con sus Obispos, anuncien fielmente el Evangelio y celebren los sacramentos, cuidando al pueblo de Dios, que estén dispuestos a evangelizar a toda la humanidad. Que aumente el número de las personas consagradas, que vayan contracorriente, viviendo los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, y den testimonio profético de Cristo y de su mensaje liberador de salvación.

María, que comprendiste mejor que nadie el sentido de las palabras de Jesús: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica», haz que los hermanos y hermanas a los que el Señor llama a vocaciones particulares en la Iglesia, aprendan a escuchar a tu divino Hijo. Ayúdanos a todos, a decir con la vida: «Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad».

Tercera oración

Hijo de Dios, enviado por el Padre a los hombres de todos los tiempos y de todas las partes de la tierra, te invocamos por medio de María, Madre tuya y Madre nuestra: haz que en la Iglesia no falten las vocaciones, sobre todo las de especial dedicación a tu Reino.

Jesús, único Salvador del hombre, te rogamos por nuestros hermanos y hermanas que han respondido "sí" a tu llamada al sacerdocio, a la vida consagrada y a la misión. Haz que su existencia se renueve de día en día, y se conviertan en Evangelio vivo.

Señor misericordioso y santo, sigue enviando nuevos obreros a la mies de tu Reino. Ayuda a aquellos que llamas a seguirte en nuestro tiempo: haz que, contemplando tu rostro, respondan con alegría a la misión que les confías para el bien de tu pueblo y de todos los hombres.

Tú, que eres Dios, y vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.